Un temblor que no cesa, denunciar violencia en CDMX

by Sep 16, 2020Lo más reciente0 comments

Por Diana del Ángel
Ilustraciones por TaBe Comicz

Cuando una mujer vive violencia, su decisión de denunciar o no es cuestionada sin consideración por las dificultades del proceso de denuncia. La historia de una mujer que sufrió violencia en CDMX, publicada originalmente en Kaja Negra, nos muestra ese proceso.

A cien pasos de casa

Yo conocía esas calles, estaba como a cuatro cuadras de mi casa, o sea estaba bastante cerquita… Su modus operandi era que te iba paseando por las calles mientras él buscaba un lugar solitario…

Epicentro

Esta historia ocurre a las seis de la madrugada en una calle sin farol. En una esquina de la alcaldía de Tlalpan, ubicada al sur de la Ciudad de México. Ahí conviven la opulencia y la pobreza: al lado de fraccionamientos habitados por familias adineradas, hay colonias populares como Pedregal de San Nicolás, con comercios pequeños, casas de uno o dos pisos, puertas humildes y poca iluminación. Lía*, donde también ocurre esta historia, tenía que ir a Naucalpan —municipio del Estado de México colindante con el norte de la ciudad— para hacer válida su garantía por una tablet que ya no funcionaba. Era preciso que saliera a esa hora para llegar a su destino al menos a las 9 de la mañana. Tenía que hacerlo ya porque pronto se iría de viaje a Utah, Estados Unidos, con una tía que vive allá. Iba por diversión y para completar sus estudios de licenciatura con otros cursos, y practicar su inglés. Salió de su casa  pocos minutos después que su hermana y caminó no más de cien pasos hasta la parada del camión que la llevaría al metro Ciudad Universitaria. Era el 17 de agosto del 2016. 

La calle estaba a oscuras. No había ningún farol. Incluso ahora, sigue sin haberlo. Lía caminó con su pequeña bolsa, donde además de la tablet, llevaba una cartera con 350 pesos [poco más de 16 USD], un celular y sus llaves. Se había ajustado el cierre de su chamarra, pues aunque no es época de frío a esas horas el clima es fresco, sobre todo en zonas aledañas al cerro del Ajusco. Cien pasos. Quizá menos. Caminó desde su casa hasta la parada del autobús. Un hombre con la cara semioculta por el gorro de una sudadera pasó a su lado en dirección contraria. No le prestó atención. Ella siguió. Se detuvo a esperar. Había pocos autos y el camión no pasaba. Tenía las manos metidas en las bolsas. El mismo hombre llegó sin hacerse notar. Hizo la seña de que en su cintura llevaba una pistola y le dijo: «No grites o te mato. Yo ya sé dónde vives. Dame la mano, como si fuéramos novios». La obligó a caminar por distintas calles hasta que encontró un lugar oculto. La violación ocurrió a cuatro cuadras de la casa de Lía. Empezaba a clarear.

Lía fue la séptima mujer atacada por quien los medios llamaron «El violador serial de Tlalpan», que elegía a mujeres delgadas, morenas, no muy altas. Su primer ataque fue el 21 de junio de 2016 y el último, el 16 de noviembre del mismo año. Cinco meses. Además de obligarlas a tomarlo de la mano y actuar como si fueran sus novias, les robaba las pocas pertenencias que tenían: no más de quinientos pesos [algo así como 23 USD], tarjetas del metro, celulares de marca Motorola y HTC. Una docena de mujeres lo denunció; diez llegaron hasta el final del juicio. Las agresiones ocurrieron en las colonias Lomas del Pedregal y Lomas de Padierna; ocho fueron tipificadas como «violación y robo agravado» y cuatro como «violación», en distintos grados. Dos de las chicas encontraron auxilio después del ataque con personas que iban pasando y las ayudaron a llegar a sus casas. De acuerdo con el Informe del grupo de trabajo conformado para atender la solicitud de alerta de violencia género contra las mujeres para la Ciudad de México [2017]: «Las siete delegaciones [ahora alcaldías] con mayor número de casos de violencia familiar, lesiones dolosas, abuso sexual, violación y acoso sexual son: Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Cuauhtémoc, Álvaro Obregón, Iztacalco, Tlalpan y Coyoacán». Según este mismo documento, entre 2012 y septiembre de 2017, solo en Tlalpan se abrieron 239 carpetas de investigación por el delito de violación.

 

Diálogos para resonar 

I

17 de agosto 2016

[Por temor a que el atacante sí supiera donde vivía, Lía fue a la casa de su entonces novio.]

Novio: Me estás mintiendo, no es cierto, es que estás muy agitada, muy estresada, pero cómo te va a pasar eso a ti.

Lía: Es que no sé qué hacer, no sé si denunciar.

Novio: No denuncies, no vale la pena; ya sabes, como todo el mundo lo sabe, que las autoridades no hacen su trabajo, solo te van humillar, solo vas a perder tu tiempo y nunca lo van a encontrar.

Lía: Sí, pero es que si yo no lo hago, nadie va a saber lo que me pasó y entonces esta persona puede hacérselo a alguien más.

 

DECLARACIÓN

Nunca me imaginé lo tedioso y frustrante que puede ser todo ese trámite. […] uno no tiene esa tranquilidad de sentirse apoyado por las autoridades. Te sientes con esa incertidumbre  de ¿realmente vale la pena denunciar?

 

Primer intento

 

Picacho-Ajusco, 17 de agosto 2016, 9:00 hrs.

 

Después de llorar sola en su casa, Lía habló con una amiga que le aconsejó denunciar. Ella me dio el valor. Tuvo que pedirle a su entonces novio que la llevara para hacer la denuncia, porque tenía miedo de subirse a un taxi con un hombre desconocido. Lía llegó al Ministerio Público que se encuentra en la carretera Picacho Ajusco —que, administrativamente, le correspondía—. El policía de turno la interceptó en el estacionamiento y le preguntó a qué iba. Luego de su insistencia ella le dijo que quería denunciar un robo y una agresión sexual. Él quiso saber los detalles; ella se negó. El policía le sugirió que regresara el viernes, cuando iba a haber una junta vecinal para que expusiera su caso. «Si usted ahorita entra, ni hay doctor». Le recomendó que fuera a la agencia de Avenida Toluca. «Porque aquí, la verdad, no te voy a dejar pasar». 

En ese momento me desmoralicé, porque ni siquiera me dejó subir las escaleras.

 

Segundo intento

 

Avenida Toluca. 17 de agosto 2016, 10:00 hrs.

 

En Avenida Toluca está una Fiscalía especializada en delitos sexuales. Al parecer ahí, procesan todas las denuncias que no se hacen en el MP de Picacho, por ello la encargada recibió de mala gana a Lía, pues, administrativamente, no le corresponde recibir denuncias de delitos ocurridos en Tlalpan. Antes de cualquier otra cosa, la encargada llamó por teléfono al MP de Picacho Ajusco para reclamarle que, otra vez, les habían delegado una denunciante. En ningún lugar me correspondía según ellos. «Te voy a hacer el favor de tomarte tu declaración, pero de una vez te digo que aquí no te corresponde. Piénsalo, porque este trámite es muy engorroso, ¿realmente lo quieres hacer? De veras piénsalo, porque pierdes mucho tiempo y luego ni los agarran». Lía respiró. Era la tercera persona en la mañana que le aconsejaba no denunciar. Respiró.

 

Fiscalía Especializada en Delitos Sexuales

 

17 de agosto 2016, 12:00 hrs.

 

Lía esperó dos horas al asesor jurídico para dar su declaración, no quería hacer el procedimiento sola. Dos horas. Realmente no ponen atención en lo que están haciendo y desafortunadamente uno se pone en manos de ellos porque cree que sí saben. Lía relató lo más detalladamente posible lo que le había pasado. La encargada asentía y anotaba, mientras saludaba a sus compañeras de oficina o enviaba mensajes por teléfono. Al final, como parte del protocolo, le dejó leer lo que había escrito. Lía corrigió cuando le pareció oportuno. La secretaria consideró necesario hacer una queja contra el policía que no había dejado pasar a Lía en el MP de Picacho Ajusco, sin embargo lo hizo a nombre de Lía, no de ella; y lo integró de tal manera en el acta de denuncia que la descripción del policía se confundía con la del presunto atacante. Este error fue aprovechado por la defensa, que en las audiencias posteriores arguyó durante todo el proceso que Lía mentía o se confundía sobre la identidad del presunto acusado. Cuando terminó la denuncia de hechos eran más de las dos de la tarde.

Diálogos para resonar 

 

II 

17 de agosto 2016

[Lía le pidió a su novio que la llevara en su auto a hacer todos los trámites porque no quería subirse sola a un taxi.]

Novio: Y, ¿te gustó? ¿Por qué no lo empujaste? ¿Por qué no te echaste a correr? ¿Por qué no hiciste nada? Pues tú te lo buscaste porque no te defendiste.

Lía: Pues cuando a ti te violen, tú lo haces.

Clínica de Especialidades Condesa

 

17 de agosto 2016, 16:30 hrs.

En la Fiscalía tampoco había un doctor para realizar el examen médico correspondiente. Por ello, tenía que ir a la Clínica de Especialidades Condesa antes de las 4 de la tarde, donde la esperaba una doctora, que por su embarazo tenía derecho a salir temprano. «¿Le digo que te espere o ya no llegas?». Lía llegó a las 16:30. Otra de las cosas que la hacían sentir mal en ese momento era haberse lavado la boca. Sentía que se había equivocado y había perdido una prueba importante. «Hasta tomando agua se hubiera ido algún residuo. No te preocupes. Nadie te capacita para este tipo de situaciones», le dijo la doctora. Lía respiró. Después del examen médico tuvo que regresar a Avenida Toluca.

  • 2.2% de las mujeres en la Ciudad de México reportó haber sufrido violencia sexual en 2016 [contra 2.1% en el promedio del país].
  • 1,658 casos de abuso sexual registró el Censo Nacional de Procuración de Justicia Estatal [CNPJE] en Ciudad de México en 2016.
  • Entre 2012 y septiembre de 2017, solo en Tlalpan, CDXM, se abrieron 239 carpetas de investigación por el delito de violación.

Fuente: Informe del grupo de trabajo conformado para atender la solicitud de alerta de violencia género contra las mujeres para la Ciudad de México

Fiscalía Especializada en Delitos Sexuales

Recorrido del lugar, 17 de agosto 2016, 23:00 hrs.

«¿Quieres venir mañana o prefieres hacerlo hoy?». Lía no quería dejar pasar ni un día para completar la denuncia, en parte por su viaje; en parte porque estaba segura de que si no le creían en ese momento, menos lo harían después. «Si estás mintiendo te vamos a multar y tú te vas a ir a la cárcel». Lía esperó tres horas al policía de investigación, para hacer el recorrido del lugar, que consiste en volver al sitio donde ocurrieron los hechos. «Desde dónde te atacó hasta donde te dejó», especificó el policía. Me puse a llorar. Sentía que él estaba allí esperándome. A las 11 de la noche del 17 de agosto del 2016, Lía estaba otra vez en la esquina de su casa para rehacer el camino de la madrugada. El policía estuvo callado durante todo el recorrido.

Ella relató. Después de amenazarla de muerte, su agresor la obligó a meterse en un callejón. Pasó una persona, pero estaba drogada, así que solo se rió cuando Lía le pidió ayuda. Eso hizo que el atacante se enojara. «No hagas ninguna pendejada o te mato». Ella se desanimó. Él le agarró la mano. Insistía en fantasear con que eran novios. Lía estaba paralizada. Había escuchado que si no se resistía no tendría problemas. Le ofreció la bolsa. «Así no trabajo yo. Siéntate en esa banqueta». Abrió su bolsa y la esculcó, sacó su celular, sus dos monederos, su tablet. Revisó mis tarjetas de metro y las confundió con tarjetas de crédito. Lo guardó todo de nuevo. Aunque le ofrecía que se llevara mis cosas. Él se reía. Se me acercaba como si me quisiera besar, pero todavía no me imaginaba lo que iba a pasar.

 

“¿Se lo podré llegar a contar a alguien? ¿Este es mi destino? ¿Morir aquí? ¿Quedar aquí?”

Pasó una chica con su bebé, pero esta vez Lía no quiso pedirle ayuda para no ponerlos en peligro. Él se ponía más nervioso y agresivo conforme transcurría el tiempo. Se notaba que conocía el rumbo. La hizo sentarse en una banqueta. Luego caminaron otros minutos. Ella intentaba negociar con él. Tú vete y yo me voy por otro lado. Unas tres calles más, la obligó a meterse en la entrada de una casa que quedaba escondida, parecía una cueva. Sentí tanto miedo. «Métete ahí». Al terminar se frotó y se quitó los fluidos en la ropa de Lía.

Yo lo que pensaba cuando se estaba limpiando era que eso que estaba haciendo me iba a servir para algo, por eso busqué que se limpiara en la sudadera. Sí se veía que en él había mucho odio hacia la mujer. Se volvía más agresivo si te mostrabas débil. Me aventó al otro lado del portón.


«No te vayas a mover, te voy a matar, porque ya sé dónde vives». Agachada, no se atrevió a alzar la vista. Lía esperó pensando que su vida dependía de alguien como él. Diez segundos: 
¿Se lo podré llegar a contar a alguien? ¿Este es mi destino? ¿Morir aquí? ¿Quedar aquí? ¿Se lo podré llegar a contar a alguien? Porque muchas veces no sabemos qué pasó, solo las encontramos muertas. Yo quería que mi familia supiera lo que hubiera pasado. Diez segundos. Alzó la vista y corrió. Se subió al camión, que aunque iba lleno de gente, atascado, le pareció más confortable. Respiró. 

En marzo del 2017, Lía tuvo que hacer este recorrido nuevamente porque el policía nunca encontró las notas de la primera diligencia y tampoco había tomado fotografías. Por esa razón no se había podido judicializar su expediente, integrado en la carpeta administrativa 0010/0334/2017, una de las 518 abiertas por el delito de violación en 2016, según el archivo de Carpetas de Investigación de la PGJ de la Ciudad de México consultado el 31 de agosto de 2020.

Fiscalía Especializada en Delitos Sexuales

Retrato hablado y examen psicológico, 18 de agosto 2016, 24:30 – 2:00 hrs.

 

Después del recorrido del lugar, tuvo que regresar a la Fiscalía para el examen psicológico. Esperó dos horas más. La verdad, sí te revictimizan. Yo me sentía atacada con sus preguntas. Hubiera preferido que todos estuvieran juntos y me preguntaran lo que me había pasado al mismo tiempo. El ataque había ocurrido a las 6 de la mañana del día anterior, desde entonces, en menos de 24 horas, Lía ya había tenido que contar al menos cinco veces su historia ante funcionarios y policías.

El «Dictamen de psicología» efectuado a Lía las primeras horas del 18 de agosto del 2016 tiene una extensión de ocho cuartillas; de acuerdo con las notas, la entrevista, realizada por una psicóloga, duró una hora y media. El documento consta de ocho apartados: Planteamiento del problema, Metodología y técnicas empleadas, Ficha de identificación, Estado  mental y actitud ante la evaluación, Antecedentes familiares y personales, Versión de los hechos, Resultados de la evaluación y Conclusiones. El más amplio de estos incisos es el quinto, donde Lía se remontó a la relación entre sus padres, su estancia en las escuelas primaria y secundaria, preparatoria y universidad; asimismo habló de su vida íntima, a qué edad comenzó la menstruación, a qué edad empezó a tener relaciones sexuales, cuántas parejas había tenido, cómo se percibe a sí misma, cuáles son sus hábitos.

«Con base en el análisis de la información obtenida a través de la Entrevista Psicológica Forense Individual, del análisis de su discurso, a través del contenido de su pensamiento y la observación de su comunicación no verbal; al momento de la evaluación psicológica y para dar respuesta a su petición se determina que la evaluada […] sí presenta alteraciones conductuales y psicoemocionales que son compatibles con las encontradas en personas que han sufrido algún tipo de agresión sexual; tales como: ansiedad [mueve excesivamente sus pies y manos], baja la vista, su facie es tensa, gesto de displacer, hace un intento por minimizar lo que le pasó [dice que hay cosas peores], sentimiento de vulnerabilidad [al haber sido rebasada en su cuerpo y deseos, sin considerar su negativa], asco [al decir que le metía el pene en la boca y ella se hacía para atrás], miedo [al decir que la amenazó con la pistola], preocupación [por su hermana que salió antes que ella], pena al tener que decirle a su mamá y por el sufrimiento que le causará. Siendo sus lenguajes no verbal y kinésico consistentes con su dicho en otro momento».

Ya es todo, ¿verdad? 

«No. Tienes que volver a Clínica Condesa para que te den la pastilla del día siguiente y te hagan las pruebas de ETS».

George Vigarello al comienzo de su Historia de la violación dice que «El juicio por violación moviliza más profundamente todavía el cuestionamiento sobre el posible consentimiento de la víctima, el análisis de sus decisiones, de su voluntad y de su autonomía. Una historia de la violación ilustra así el nacimiento imperceptible de una imagen del sujeto y de su intimidad» [Vigarello, 9]. Cuando una mujer opta por hablar públicamente de una agresión, toda su vida inmediatamente será juzgada por propios y extraños. Ya sea que escriba un tuit, un post o una denuncia ante el Ministerio Público, lo único seguro es que su pasado y presente serán objeto de un cruel escrutinio. En México hay numerosos ejemplos de ello, los #MiPrimerAcoso, #MeToo [en sus distintas variantes] dan cuenta de la violencia ejercida contra quienes rompen el silencio. Este juicio seguro en contra de quien opta por posicionarse en el espacio público como «la denunciante» es parte del silenciamiento difícil de romper y piedra angular de la impunidad y violencia imperantes. Lía sintió eso mismo la mañana en que se debatía entre denunciar o quedarse callada. Yo ya sabía desde ese momento que cualquier cosa que dijera o hiciera o no hiciera iba a ser usada en mi contra.

El del retrato hablado fue muy paciente. «No te desanimes. A cualquiera le pasa, no existe el hubiera. Tú hiciste todo lo que pudiste para…» para sobrevivir. «Es lo único que necesitas saber». Lía salió de la Fiscalía a las 4 de la mañana. Hacer la denuncia tomó 22 horas. Yo sí notaba desde entonces que si caminaba por la calle y alguien me pasaba al lado, me quedaba parada, sin darme cuenta, ya empezaba a tener ciertas actitudes que después mi terapeuta me explicó.

Diálogos para resonar

III

[Después de hacer la denuncia, Lía llegó a su casa en la madrugada del 18 de agosto del 2016. No había visto a su familia ni había podido contarles lo ocurrido.]

Lía: Es que me asaltaron. 

Su hermana: Pero no te hicieron nada, ¿verdad? 

Lía: [Siente que no hizo lo suficiente para que no le pasara nada.] Sí. sí me hicieron algo. En un rato tengo que ir a la clínica para que me hagan unos estudios. 

Mamá: Está bien, duérmete. ¿Por qué lo llevaste a él y no me llamaste a mí? Es que no tienes que sentir pena. 

Lía: [Se siente culpable].

Clínica de Especialidades Condesa

18 de agosto 2016, mañana

En Clínica Condesa fueron muy amables. Las enfermeras desde que te ven con el papel de la PGJ, saben de qué se trata tu caso y te canalizan. Parte del protocolo implica pruebas rápidas de detección de Enfermedades de Transmisión Sexual y una inyección vaginal para evitar posibles contagios. La inyección que más me ha dolido en toda la vida. Me dio tanto coraje. Por qué a mí, por qué tenía que estar yo allí, qué le hice yo a él. Mamá, yo no me merezco esto, yo no me merezco que esa persona me haya hecho eso. Y todo por eso, no voy a renunciar a la carpeta de investigación.  Yo voy a ser su dolor de cabeza, porque yo no tenía que estar aquí. 

 

CTA Centro de Terapia de Apoyo a Víctimas de Delitos Sexuales

18 de agosto del 2016, tarde

El Centro de Terapia de Apoyo a Víctimas de Delitos Sexuales se encuentra ubicado en la calle de Pestalozzi, en la colonia del Valle, al sur de la Ciudad de México. Según su página en internet, el servicio brindado por esta institución implica la «Atención y asistencia multidisciplinaria a las víctimas directas e indirectas de los delitos contra la libertad y la seguridad sexuales y el normal desarrollo psicosexual, sobre sus derechos como víctimas del delito, con la finalidad de empoderarla respecto a las esferas que se vieron afectadas por la comisión del hecho violento».  Todas las personas que interpongan una denuncia por delitos sexuales requieren asistir al CTA. En teoría, con este centro se cubre una necesidad de las personas que han sido violentadas sexualmente, en lo tocante a su salud emocional y mental. 

El jueves 18 de agosto, Lía asistió al CTA. Su mamá la acompañó. Juntas caminaron las cuadras entre la estación del metro División del Norte y el centro. El lugar está distribuido en cubículos, con separaciones endebles, por las que se filtran los sonidos de afuera.

Psicóloga en turno: [Al lado uno de sus compañeros juguetea con su teléfono.] ¿Qué te pasó? 

Lía: ¿No hay un lugar más privado? 

Psicóloga en turno: No señorita, aquí no tenemos instalaciones de primera. Esto es lo que hay. Le vuelvo a preguntar. ¿Qué le pasó? 

Lía: Es que no le voy a decir si está al lado está su compañero, porque esto es algo muy personal. 

Psicóloga en turno: [Susurra] Cuéntame.

Lía: Solo pido que los demás no estén. 

La psicóloga saca del cuarto a sus compañeros y Lía vuelve a contar lo que le pasó. Es la séptima vez. 

Psicóloga en turno: ¡Ah! Entonces no corriste, no hiciste nada.

Al principio esos comentarios me hacían sentir mal, ya después me daban más coraje y decía, pues ahora me atiendes como me lo merezco porque no tienes porqué hacerme menos 

Psicóloga en turno: ¿Y por dónde vives?

Lía: Por Tlalpan.

Psicóloga en turno: ¡Uy! Ahí es peligrosísimo, allí el índice es el más…

Lía: Ya lo sé, por eso estoy aquí, porque me violaron y me asaltaron. No me lo tienes que decir, ya lo viví.  

En el centro le dieron un carnet y una cita. Luego de experimentar la atención y de considerar que se iría de viaje, Lía decidió no continuar con ese trámite. Firmó los papeles correspondientes donde aceptaba que por su voluntad no recibiría el tratamiento en el CTA. 

Por el carácter de Lía y por su forma de decir las cosas en varios de los lugares a donde tuvo que asistir la tacharon como «la especial», «la que nos da dolores de cabeza». Pero lo que ella pide es lo que todas pediríamos, lo que todas merecemos: empatía.

Diálogos para resonar

IV

Un taxista en un viaje por la noche: Es que mire, no es por nada, pero la verdad, luego se visten de una forma, o sea, no usted; pero me ha tocado ver a cada mujer que digo, bueno, por eso luego les pasa lo que les pasa. Y no se diga de los lugares donde andan, sin ir más lejos, el otro día recogí a una muchacha de un antro de esos y venía bien tomada, yo porque pues soy decente, pero otro, no, ni le cuento. 

Mujer joven al ver a otra vestida con minifalda y escote: Y luego están con que quieren respeto. Por eso las violan: por calientes. 

Hombre joven comenta una noticia sobre una violación: Está bien de la chingada, pobrecita mujer, pero pss ni modo, ya que lo bueno es que no quedó renca, siguió caminando y total pss eso ya pasó ni modo.

Señora al comentar la noticia de una mujer atacada en un hotel: O sea, ¿la violan en un hotel? Para mí que no le gustó el trabajo que le hicieron.

Otro hombre al comentar una noticia sobre el aumento de agresiones sexuales: EL FEMINISMO INVENTA NÚMEROS. [En mayúsculas en el original].

Utah

Agosto 2016-febrero del 2017

Tal como tenía planeado, Lía se fue de viaje a Utah. Se hospedó en casa de su tía. Su mamá se quedó en contacto con los policías de investigación, para representarla en las reuniones y recibir las notificaciones pertinentes. Puso el cuerpo por su hija. En el portón donde atacaron a Lía había cámaras, pero el policía no había podido obtener el disco. La mamá consiguió el video mientras los policías esperaban la orden. Ella misma entregó la grabación en las oficinas de la Fiscalía.

A pesar de su decisión, el viaje no fue lo que esperaba. Se suponía que iba a ir sola, pero llevó consigo todo lo que había pasado. No salía sola a la calle, tenía pesadillas, no dormía bien, estaba muy irritable. Solo su tía sabía la situación. El resto de su familia se extrañaba al verla llorando o enojada por mínimos detalles. Tardó un mes en aceptar ir al psicólogo. Su tía le insistió en que fuera a recibir ayuda. Al principio no quería. Pensaba que nadie podría ayudarla. El reto mayor era regresar a México, porque la persona que me atacó tenía rasgos mexicanos, la persona que me atacó estaba aquí. Porque todavía no lo habían detenido, vivía con mucha ansiedad. Qué tal que me está vigilando.

Entre septiembre y octubre varios policías la contactaron, vía WhatsApp, para mostrarle fotografías que pudieran ayudar en la identificación del atacante. También la llamaban por teléfono para entrevistarla y corroborar información. Cuando los policías me llamaban me dejaban peor porque me preguntaban lo mismo y yo tenía que volver a contarles. Siempre la llamaba uno diferente. Todos decían que estaban apoyando el caso. Ya después me enteré de que todo mundo quería un pedazo del pastel, que todo mundo quería abrir las carpetas de investigación. Yo todavía no sabía, pero los policías ya, que era un caso serial.

 

Televisión Nacional

17 de noviembre de 2016

Lía recibió una llamada de su mamá, quien le avisaba de la detención de un hombre al que los medios llamaron «violador serial de Tlalpan». Ella debía regresar para hacer un reconocimiento de la persona. Lía no quería volver. Cuando eres víctima, sientes que todo el mundo te ve como la víctima y sientes que eres el blanco más fácil. Ni siquiera podía estar en el supermercado sola, si llegaba a quedarme sola en un pasillo y había un hombre yo me quedaba paralizada y me empezaban a temblar las piernas. No me despegaba de mi tía. Menos quería salir a la calle. Sentía que nada más con llegar a México, todo el mundo me iba a reconocer. 

Estos temores fueron desplazados por el enojo pues un fragmento del video donde se veía el momento del ataque que sufrió fue filtrado y proyectado en muchos medios a nivel nacional. Y parte de esa grabación fue mostrada por las autoridades. El 17 de noviembre del 2016, el entonces procurador de la Ciudad de México, Rodolfo Fernando Ríos Garza, encabezó una conferencia de prensa para dar a conocer la detención de un sujeto involucrado en al menos 9 casos de violación. El anuncio fue acompañado de un video donde una voz femenina narra cómo la PGJ «mediante trabajo de campo y gabinete, información proporcionada por las víctimas y análisis telefónico» en cinco meses logró la identificación del atacante. La última de sus agresiones había sido el día anterior, el 16 de noviembre; el 17 él se encontraba caminando por las calles de una de las colonias donde operaba cuando una de las chicas, que ya lo había denunciado, lo reconoció y llamó a la policía, gracias a lo cual pudo ser detenido Víctor Israel Flores, de 22 años de edad. 

En los últimos momentos del video se aprecia al presunto atacante caminando con una chica, mientras la toma de la mano, y se alcanza a ver cómo la obliga a hincarse en el suelo. El rostro de la chica es cubierto con blur para impedir su identificación; a pesar de eso, además de su exnovio, otras cinco personas llamaron a Lía o le enviaron mensajes para decirle que la habían visto en la televisión. Sentí coraje y escalofrío. ¿Quién les autorizó poner mi video en la televisión? Yo lo veía y decía eso fue lo que me pasó. Llamó a los policías para reclamarles por la filtración del video. Ninguno le dio una explicación, ni le ofreció disculpas. Después de eso, dos de ellos la bloquearon de WhatsApp.

Diálogos para resonar

Noviembre del 2016.

Exnovio: Ya atraparon a la persona que te violó, mira, sales en las noticias. Te dije, qué bueno que denunciaste. 

Lía: Tú también me estás violentando. ¿En qué momento me apoyaste? Con tu maldito machismo, solo me quisiste aplastar. Tú no querías que denunciara. Lo único que te importaba era: ‘Te pasó porque te lo buscaste, ¿qué hacías a las 6 de la mañana afuera?’.

Aunque uno sea la víctima siempre se preocupa por los demás. Yo decía cómo voy a decirle a mi mama: ‘mamá me violaron’. O sea le voy a romper el corazón. Entonces me preocupé mucho en todo el proceso por tratar de estar bien, de que no me vieran tan destrozada. A mi me gustaría que mi familia, mis amigos tomen terapia, porque la cagan a cada rato. Aunque uno diga que está bien, siempre hay algo. Afortunadamente pude pagarme una terapia, porque sí es muy caro. Y pues lo vi como una inversión, pero al final del día es un gasto que no te corresponde.

 

Regreso a México, volver a lo que nunca quedó atrás

En enero del 2017 la mayoría de las mujeres que denunciaron haber sido agredidas sexualmente por Víctor lo identificaron en la cámara de Gessell. Lía seguía en UTAH; no quiso adelantar su regreso, en parte porque no quería conocerlas y porque seguía enojada por la filtración del video. Yo no sé si tú puedas entenderlo, pero yo no quería estar con ninguna de las chicas porque yo ya me sentía exhibida por el video en las noticias. Yo no quería que todas me vieran y dijeran: ‘Ah, ella es’. Para mí eso fue el acabose. Yo no quería verlas. Prefirió esperar a las pruebas de identificación de ADN que, gracias a la sudadera donde él se había limpiado y que ella había entregado a los policías de investigación, podrían hacerse ahora que el imputado estaba detenido. Finalmente, Lía regresó a México el 10 de febrero.

El 12 de febrero fue al Búnker, como también se le conoce a las instalaciones de la entonces Procuraduría de la Ciudad de México, para preguntar cómo iba su caso. No se había añadido un solo documento a su carpeta de investigación. Los policías le dijeron que no habían continuado con el proceso porque ella se había ido de viaje. La agente del Ministerio Público  no le permitió estudiar expediente e insistió en que el estancamiento se debía a su ausencia. Argumentó que su situación era muy complicada, porque la prueba de ADN no era concluyente y le recomendó dar carpetazo [es decir, ya no seguir el caso]. Lía se reunió con ella sin asesor jurídico, pues sólo hasta la tercera vez la MP consideró pertinente decirle que necesitaba uno. Cuando Lía lo pidió, la MP respondió que no había nadie disponible.  

Unas semanas después tuvo que reunirse con las otras chicas, gracias a eso supo que no solo su carpeta sino otras dos, de chicas que habían permanecido en el país, estaban en la misma situación. Tal como estaban las cosas, 6 carpetas estaban judicializadas [es decir, listas para pasar a juicio] y 6 no. Se habría podido continuar un proceso para el primer grupo y otro para el segundo, pero las autoridades querían la acumulación de los 12 casos. Eso implicaba que las primeras 6 denunciantes tendrían que esperar a las otras 6. Lía optó por tomar un asesor jurídico privado, que a pesar de ser buena persona y tener buenas intenciones, no era especialista en delitos sexuales. Al cabo de un tiempo, Lía decidió unirse al grupo de chicas que estaban representadas por la abogada Dulce Agatón.

Auto de apertura de juicio oral

11 de mayo del 2018

La razón por la que la carpeta de Lía no se había judicializado era porque el policía con quien hizo el recorrido de hechos, no encontró sus notas ni tomó fotografías. De modo que el intento de responsabilizarla por el retraso, debido a su viaje, era absurdo. Lía era consciente de todo ello, por eso interpuso una queja en la oficina de derechos humanos del Búnker porque no le habían dado un asesor jurídico y también pidió que le dejaran ver la cadena de custodia del video para saber quién era responsable de la filtración. La MP le dijo que en cuanto a los videos no podía hacer nada, porque muchas cabezas de sus compañeros rodarían. Ese no es mi problema. Tengo derecho a hacer mis quejas. Más obstáculos administrativos. El video todavía estaba en línea y nadie se había hecho responsable por la filtración. Ellos no se dan cuenta de que uno está pasando por un proceso que realmente no esperas que le pase  a nadie, y encima de todo uno tiene que pelear por su derecho.

 

Audiencias

En ese momento, Ariadna Lobo, una reportera que había cubierto la historia, les dio el número de la abogada Ana Yeli Pérez Garrido, quien estaba fuera del país y por ello pidió a Sayuri Herrera Román, entonces en el Observatorio Nacional de Feminicidios, que tomara el caso. Cuando Pérez Trejo regresó a México se incorporó, a la defensa de seis de las  denunciantes [las otras cuatro optaron por quedarse con los defensores públicos] que ya había comenzado Herrera Román. Ambas acompañaron a las mujeres hasta el término del juicio. Su labor fue difícil. Tuvieron que subsanar las faltas existentes en las carpetas de investigación, considerando que tomaron el caso en la audiencia intermedia. Trabajaron a marchas forzadas para asegurar un juicio justo y trataron de corregir algunos errores vinculados al proceso de reparación. Ellas les confirmaron que lo que pedían no era nada del otro mundo, sino su derecho, también les confirmaron y explicaron las faltas que las autoridades habían cometido en cada carpeta y se concentraron en cómo resolver esos problemas y en cómo las iban a defender. Ellas no están en todo ese circo. A mí me dio mucha confianza. Nos preguntaban ‘cómo quieres que sea la audiencia’. Fueron más humanas. Nos mostraron los escenarios y posibles panoramas. Nos explicaron los riesgos. Para ellas no éramos una carpeta más, éramos personas. Para las autoridades tú eres carpeta uno, carpeta dos, carpeta tal. Yo entiendo que los servidores públicos tienen mucho trabajo, pero eso no los justifica para que no sean humanos. Todo era un circo. Llegábamos al reclusorio y escuchabas ‘ellas son las víctimas’, ‘allá van’, ‘esa es la peleonera’, ‘las de la carpeta 110’, ‘¡ah!, tú eres la del serial’.

Además el juez decía cosas como: Pobre del imputado, sufre mucho porque está aquí encerrado. La balanza no está equilibrada; la justicia no es ciega. Entiendes que él tiene derechos, pero pisotean los derechos de la víctima para que él no se vea afectado. Siento que les da miedo tener un error con él y les vale  las víctimas. El juez decía cosas como «ustedes duermen en su cama, están en su casa tienen la libertad de salir a donde les dé la gana». Eso lo dijo el juez, está grabado. Usted no sabe el miedo que yo sufro cuando salgo a la calle, el estrés y la depresión que sufro por esta persona.

Esos momentos son cruciales para que uno diga que no vale la pena seguir este proceso; entonces ellos, probablemente, no se dan cuenta del daño que causan en la vida de uno. Ahora yo me siento más libre, yo sentía que cargaba el mundo entero, pero no sé qué sería de mi vida, o qué será de la vida de las chicas que no denunciaron porque su familia les dijo que no lo hicieran o por su propio miedo o por la negligencia de las autoridades. Entonces creo que ellos tienen una responsabilidad muy alta y ellos no lo ven así, porque ellos mismos te empujan a tirar la toalla. Si yo le hubiera hecho caso a la MP cuando me dijo, ‘ya mejor darle carpetazo’, si le hubiera hecho caso a mi novio de entonces, si le hubiera hecho al caso al policía… Ellos tienen ese peso y te dicen cualquier tontería para no tener más trabajo.

Cuando los jueces lo declararon culpable para mí fue un alivio decir, por lo menos sé, que después de dos años y medio de un proceso terrorífico, dos años y medio para que le dijeran eres culpable. Su sentencia general es de 100 años, pero por cada persona solo son 10 años. 10 años para mí no es nada, sí esperaba más de ellos. Mi futuro de creer en las autoridades quedó nulo. En mi caso, según el estudio, él merecía 28 años, sólo por mí. Es cuando dices, justicia no hay. Si yo conociera a alguien, le diría sí denuncia, pero sí le tienes que echar mucha cabeza porque no te lo van a hacer fácil, al contrario, porque esto es México. A mí me daba mucho coraje. Porque él se burlaba. Y si una de nosotras se reía o hacía otras cosas fuera de lo usual, nos llamaban la atención. Las audiencias para mi fueron una terapia. Yo le decía a Víctor: ‘Tú no vas a salir, no tienes el derecho de estar afuera.’ Yo le decía todo lo que quise.

Sé que valió la pena todo el esfuerzo que hice, valió la pena todas las desveladas, los enojos, todo valió la pena. Cuando vives una situación de opresión sientes que no vales nada, pierdes tu autoestima. Todo este proceso me ayudó a ver que sí tengo poder, con otras herramientas, pero pude ser más fuerte que él, luché hasta el final, hasta donde las autoridades lo permitieron. Si yo no lo hubiera hecho, él tendría 10 años menos. Me siento orgullosa. No me confío, porque no confío en las autoridades. Pero esta persona fue detenida y ya no está atacando a otras mujeres. 

Yo le decía a mi mamá: si a mí me preguntas por la etapa o el proceso más terrible de mi vida, sin mentirte, nunca te voy a decir que fue el momento en que me atacaron, sino el proceso legal. Porque ellos lo hicieron bastante tedioso;  hasta parece que lo hacen para que digas ‘ya me voy’. Y creo sinceramente que debería ser al revés, deberían de darte confianza, deberían de darte transparencia, porque al final pareciera que tú eres la delincuente, que tú eres la que provocó lo que te sucedió y no es así. Muchos médicos te dicen ‘bueno es que tú tuviste la culpa’. No sé por qué no los capacitan para no decir esas tonterías. O sea, si es tu idea personal, guárdatela. No entiendo de qué lado está el juez. En ese caso estuvo más del lado de Víctor que de nosotras.

  • En México, el 19.4% de la población mayor de 18 años [mujeres y hombres] fue víctima de violencia sexual o acoso en lugares públicos durante 2019
  • El 99.7% de los casos de violencia sexual que sufrieron las mujeres mayores de 18 años no fueron denunciados [al cierre de 2019]

Fuentes: 1) Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana [ENSU] realizada por el INEGI: 2) Extraído y destacado por México Evalúa 21 enero de 2020

¿Feminismo? ¿Feminista?

Yo no me considero feminista, como tal, pero sí creo que en algún momento de esta etapa caí en decir, soy mujer y no merezco vivir estas cosas. Probablemente en algunas cosas sí soy feminista. Sí podría decir que ahora sí defiendo mi derecho como mujer y antes no lo hacía porque no quería ser etiquetada. Al final del día las circunstancias de la vida sí me orillan a tener ciertos ideales feministas, como el de porqué me tengo que vestir diferente solo porque puedo provocar a alguien, por qué me dices qué hacía a las 6 de la mañana en la calle, esperando un camión. Mucha gente lo ve como ‘esta mujer creída’, pero no es así. Uno a veces se queda callada para que no te etiqueten como feminista. Muchas veces fui víctima de acoso en la calle y muchas veces uno minimiza eso, piensas ‘soy mujer y me merezco eso’, pero no. No porque la sociedad haya creado una imagen tengo que aguantarme o esperar a que me agredan físicamente para ponerle un alto.

Sí me hice más defensora de los derechos de las mujeres en su cuerpo. Por qué no voy a alzar la voz. Antes yo justificaba a las personas. Pensaba: es que me rozó pero no quería hacerlo. Ahora ya no, ahora ya les pongo el alto. Si veo que una chica está mal, me acerco a ella o si veo que una chica está en peligro de acoso, sí hago algo. Yo siento que si dudas es porque hay algo. Entonces ahora sí actúo. Ya no me importa lo que van a decir, ni me da vergüenza, al contrario, vergüenza para la otra persona que está acosando.

 

  • Lía es el nombre que la denunciante eligió para proteger su identidad y por cuestiones de seguridad.

*Este texto fue publicado originalmente en el medio digital Kaja Negra: 

Portada https://kajanegra.com/un-temblor-que-no-cesa

Primera entrega: https://kajanegra.com/un-temblor-que-no-cesa-historia/ 

Diana del Ángel
Poeta, ensayista y defensora de derechos humanos. Doctora en Letras por la UNAM. Ha publicado Vasija [2013], Procesos de la noche [2017], Barranca [2018] y artículos en diversas revistas y medios digitales. Miembro del Seminario de Investigación en Poesía Mexicana Contemporánea desde octubre del 2016. Ha sido becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas de 2010 a 2012 y del FONCA, en su programa de residencias artísticas. Obtuvo la primera residencia de creación literaria Fondo Ventura/ Almadía. Desde 2002 hasta 2017, formó parte del taller Poesía y silencio.
TaBe Comicz
Diseñadora gráfica e ilustradora profesional, nacida en México. Fanática de la animación, pintura, música y los tacos de suadero. Sus principales influencias son lo cotidiano, la ciudad y sus calles de noche, contar historias propias y de conocidos, los rótulos y gráficas mexicanas y muchas garnachas. Ha trabajado en distintas agencias de diseño asi como en diferentes proyectos de todo tipo, desde restauranteros hasta comisiones personales.Cuenta con su proyecto personal llamado TaBe Comicz donde narra historias personales a través de dibujos, comics y animaciones.

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