El despertar

by Aug 28, 2019Descompases0 comments

Por Metzi Rosales Martel

Desde hace una semana, Twitter, Instagram, WhatsApp y algunos blogs en El Salvador se han convertido en plataformas de denuncia. Decenas de mujeres jóvenes han relatado historias de violencia sexual y de otros tipos. Han nombrado a sus agresores y ya hicieron pública una lista, la que cada día va creciendo. ¿De dónde surgió este ímpetu por la denuncia pública en redes sociales?

El 19 de agosto, Paola Alemán denunció en su cuenta de Twitter a un hombre por expresiones de odio contra las mujeres. Publicó capturas de pantalla de algunos post y tuits de Sebastián Osorto. Esa fue la llave para que otras jóvenes compartieran más información para denunciarlo. Una hora y media después, en otro tuit, Paola relató que fue agredida sexualmente por un conocido. Explicó que por temor a las influencias de este joven, prefería no publicar su nombre. Comentó que él se ríe de ella y que la llama feminazi. Cerró su tuit con la afirmación: “Es tiempo de exponerlos”. Esa misma noche, minutos después, Gracia Garay sugirió hacer un grupo en WhatsApp. Sofía Ramos respondió que era mejor crear una cuenta en Twitter para lograr un mayor alcance. La idea de todas era advertir a otras sobre estos jóvenes y evitarles malas experiencias. Así surgió La Lista.

En La Lista aparecieron nombres de hombres estudiantes y exestudiantes universitarios, profesores de dos universidades privadas y de la estatal, de periodistas, fotógrafos, músicos, poetas, locutores de radio, abogados, entre otros. A esta, se sumaron capturas de pantalla de denuncias anónimas que están siendo publicadas en la cuenta de Twitter y de Instagram @hfttsv que ha creado su propio Me Too salvadoreño llamado #herefortheteasv #hfttsv.

A quienes están en la lista se les señala por violencia sexual, física, emocional y psicológica. También por acoso y manipulación. Varios jovencitos y jovencitas han propuesto utilizar la etiqueta #MeTooSV, la cual que existe en Twitter desde febrero de 2018.

Para muchxs, hay varias preguntas en torno a estas denuncias: ¿Por qué las mujeres no presentan una denuncia formal en la Fiscalía General de la República o en la Policía Nacional Civil? ¿Por qué guardaron silencio? ¿Por qué lo están contando hoy? Y una de las más importantes: ¿De dónde surge este ímpetu de la denuncia pública en redes sociales?

“Hablemos de violación”

Hablar de violencia sexual no es fácil. Las que somos sobrevivientes lo sabemos bien. ¿Por qué? Porque en este país, los agresores son en su mayoría personas conocidas, nuestras parejas y nuestros familiares. Denunciar a tu padre, padrastro, hermano, hermanastro, abuelo, tío, vecino, amigo o conocido no es fácil. Porque la sociedad y las autoridades c-u-l-p-a-b-i-l-i-z-a-n a las sobrevivientes. Y esto se repite en el mundo online. No falta quien nos desmienta, quien nos llame “locas”, “ardidas” y “vengativas”. Ni quien nos advierta que no debemos beber, vestirnos de determinada forma y mucho menos andar solas. Solo así, evitaremos que nos violen.

Las personas no quieren entender que la violencia sexual es ejercida por c-o-n-o-c-i-d-o-s en la mayoría de los casos. Y como las estadísticas no mienten, les comparto esta gráfica, basada en el Informe sobre Hechos de Violencia contra las Mujeres El Salvador 2016-2017:

En este país, donde siete de cada diez víctimas registradas por delitos sexuales son menores de edad, es difícil entender por qué se duda de una sobreviviente cuando habla. Las adolescentes están más expuestas a ser violadas. Estadísticas de la Fiscalía General de la República (FGR) dan cuenta que la mayoría de denuncias son de adolescentes mujeres entre los 13 y 18 años (58.7 % para 2016 y 55.8 % para 2017). Le siguen las niñas de 0 a 12 años (16.1 % y 17.6 %).

Fuente: Infosegura.

Las historias que se están compartiendo en las redes sociales son un reflejo de algo que sucede a diario en El Salvador: un delito sexual ocurre cada dos horas. De 2015 a 2017, la FGR recibió 18 mil 65 denuncias por violencia sexual. Un promedio de 6 mil 22 denuncias por año. En el 94.29 % de los casos, las víctimas son mujeres. Y en el  86.17 %, los agresores denunciados son hombres. Esto de acuerdo con el Informe sobre Hechos de Violencia contra las Mujeres El Salvador 2016-2017. Entonces ¿por qué cuesta tanto creerles a quienes comparten sus relatos en las redes sociales?

He conversado con muchas sobrevivientes de violencia sexual que no han puesto una denuncia formal. No lo han hecho por temor, por vergüenza, por miedo a que nos les crean o a que las culpabilicen. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Violencia contra la Mujer 2017 (la única realizada en este país), siete de cada diez mujeres ha sido víctima de cualquier tipo de violencia; sin embargo, solo tres de cada diez han puesto una denuncia. 

Hablar, denunciar no es fácil. No todas saben que pueden acudir a la Fiscalía General de la República, la Policía Nacional Civil o el Isdemu a presentar una acusación formal. Y si finalmente alguien se anima a denunciar, es muy probable que no encuentre apoyo de quienes deberían garantizar el goce de nuestros derechos. 

El Mee Too salvadoreño

Este movimiento de denuncias en redes sociales es y no es nuevo. El 8 de marzo de 2017, se lanzó en Facebook, la página Hablemos de violación @catalizadoras en El Salvador. La idea detrás fue crear un espacio para deconstruir la cultura de violencia sexual y detenerla, además de contar con una plataforma informativa para crear conciencia sobre esto. Aunque nunca hicieron un llamado a denunciar, han recibido nueve mensajes de jóvenes mujeres contando que habían sido violadas. Y tres mensajes de jóvenes que pensaban que sus novias habían sido violadas por cómo actuaban con ellos. No los hicieron públicos porque la idea es explicar, ayudar y acompañar para que inicien procesos legales y generar círculos de sororidad.

Ese mismo año, siete meses después, The New York Times publicó un reportaje sobre las denuncias de acoso sexual contra Harvey Weinstein. Durante 30 años, él agredió a actrices y modelos, de acuerdo con los testimonios de ocho actrices. A estas denuncias se sumaron las de otras 40, entre actrices y modelos. Diez días después, Alyssa Milano, otra actriz, escribió en Twitter: “Si has sido acosada o agredida sexualmente, escribe ‘me too’ (yo también) como respuesta a este tuit”. El tuit iba acompañado de una captura de pantalla en la que un amigo sugería escribir  ‘Me too’ como estado para dar a las personas una idea de la magnitud del problema. La etiqueta #Metoo se hizo viral y así surgió el movimiento de denuncias en esta red social.

Sin embargo, el verdadero Me Too fue creado en el 2006 por  la activista estadounidense Tarana Burke. Su objetivo era ayudar a sobrevivientes de violencia sexual de comunidades de bajos recursos e interrumpir la violencia sexual en esos lugares. Años atrás, una adolescente le compartió que era agredida sexualmente por su padrastro. Tarana la interrumpió durante su relato y la dirigió con otra persona. Siempre lamentó no haberle dicho Me Too. Nunca volvió a ver a la adolescente. Y fundó el movimiento.

En El Salvador, la etiqueta #MeToosSV empezó a ocuparse en febrero de 2018. Sin embargo, para el 2017, ya existían post de denuncias por violencia sexual. Evelyn Machuca, una periodista y amiga, contó en el muro de su perfil de Facebook que uno de sus profesores de natación, apodado el Tiburón, la había agredido sexualmente cuando era una niña de ocho o diez años. En una pijamada con sus compañeras, una de ellas contó que había sido violada. Cuando Evelyn les compartió su experiencia, le explicaron que en su caso ella había sido agredida sexualmente y no violada. Ella no entendía la diferencia entre violación y agresión sexual. Saber que el profesor no la había violado la hizo sentirse liberada. Que nadie le explicara durante su niñez, adolescencia e incluso mientras estudiaba bachillerato qué es una violación o una agresión sexual marcó esa etapa de su vida. La falta de educación integral de la sexualidad marca la vida de las personas.

Cuando Evelyn escribió su post tenía 35 años. No se atrevió a contarle a su papá porque le daba pena. “No sabía por qué me daba pena. Solo sentía una gran incomodidad de contarle”, recuerda. El colegio donde Evelyn fue agredida era el mismo donde su papá fue profesor durante dos décadas.

Un año antes, en el 2016, Carolina Bodewig, otra colega, escribió un artículo de opinión para relatar que a los 15 años casi fue abusada en la casa de unos conocidos de su familia. Cuando le contó al dueño de la casa, este le preguntó: “¿Por qué te quedaste sola con él?”. Ya no volvió a contar nada por vergüenza, pero más importante porque no sabía cuál era el proceso legal a seguir.

Para Carolina, escribir ese texto le devolvió “cierta dignidad”. Le quitó un peso de encima, la liberó de la culpa y de la vergüenza. Publicar este texto, le permitió desahogarse y conversarlo con otras personas.

Es probable que, quienes iniciaron La Lista y quienes han publicado de manera anónima sus historias y los nombres de quienes las agredieron, busquen en las redes sociales un catalizador. En el 2016, un grupo de mujeres repartió unos panfletos en la sala del Teatro Nacional. Era el testimonio de Pamela Palenciano. Denunciaba al director y actor de teatro, René Lovo de haberla tocado en la vulva durante un ejercicio escénico. Más adelante, Egly Llarreynaga, otra actriz y directora, también relataría como Fernando Umaña, reconocido director de teatro, la había violado.

El año pasado, se hizo público el caso de un docente que acosaba sexualmente y había agredido físicamente a una estudiante. También el caso de otro docente que golpeó e insultó a una exalumna y expareja. Ambos profesores trabajan en  la Universidad Nacional. También se hizo público el caso de un vigilante de esa universidad que había violado a una menor de edad. Y el año pasado, en un ejercicio realizado por Sexo Sin Vergüenza, en Instagram, al preguntarles a sus seguidorxs ¿Qué fue lo que menos te gustó de tu primera vez? Varias respuestas anónimas daban cuenta de casos de violencia sexual.

Estos casos de violencia en ese campus universitario, impulsaron recientemente la modificación al artículo 21 de la Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres (LEIV) para que las universidades tengan protocolos y rutas de atención a estudiantes, víctimas de acoso sexual en las universidades.

Las denuncias contra docentes de la UES tuvieron apoyo de estudiantes jóvenes organizadas frente a los juzgados, en el mismo campus universitarios e incluso en las redes sociales, bajo la etiqueta #OjosEnLaUES. Esa fue la antesala de lo que ahora comenzamos a ver en @hfttsv: jóvenes cansadas de autoculparse y de sentirse avergonzadas, impulsadas por las historias de otras a contar las propias y a denunciar aunque sea de forma virtual.

El Isdemu ya se pronunció en el caso de Sebastián Osorto, enunciando públicamente  los delitos que, de acuerdo a la LEIV, cometió Osorto. Falta ver qué hará la Fiscalía General de la República. ¿Dará seguimiento y actuará de oficio, como mandata el artículo 193 de la Constitución de la República?

El desahogo, convertido en una denuncia anónima en redes sociales, en un artículo de opinión, en un texto surgido en talleres de redacción, equivale a un ejercicio de valentía. A una manera de romper el silencio. Que no sea una denuncia formal no significa que sea mentira o que las mujeres inventemos que fuimos violadas o agredidas sexualmente o que  somos vengativas. Significa, en cambio, que queremos que se sepa y ser escuchadas. Me Too.

ESTE TRABAJO FUE REALIZADO CON EL APOYO DE LA INTERNATIONAL WOMEN´S MEDIA FOUNDATION, IWMF.

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